noviembre 07, 2004

Pastel de Manzanas

Para celebrar estas sensaciones que tu haces nacer en mi, preparé un pastel de manzana. Escogí las manzanas, una a una, seleccionando aquellas que invocaran lujuria, amor y desesperación.

Después de lavarlas procedí al más despiadado acto: descorazonarlas pensando un poco que podía mitigar así este deseo intenso en amarte; las acaricié con limón, pensando que así impediría esa sombra negra que algunas veces me cubre cuando pienso que amas a otra.

La esperanza me devolvió la dulzura con que las bañé y los perfumes de canela y ralladura de nuez trajeron a mi memoria los olores de tu piel. Llegado el gran momento vestí de gala el plato con una suave muselina, vertí en él la mezcla de manzanas, como si de esa manera yo pudiera gritarle al mundo lo mucho que te deseo.

Pero una capa obligada cubrió mi valentía y al ver que no llegabas a la hora prometida, decidí hornear el pastel de la misma manera que inmolaba mi alma en las llamas de los celos. En compensación a mis actos, los aromas de dulzuras inundaban mi cocina, así como mi corazón poco a poco perdonaba tus osadías...

Decidí esperarte, como el pastel de manzana, tibio de deseos de ser profanado.